Mis papás me regañaban siempre por lo mismo. Mejor dicho, me llamaban la atención. Mi madre solía mirarme con ternura, como se mira a alguien a quien no se puede ayudar pero sí consolar. Mi padre se notaba, las más de las veces, desesperado.
¿La razón? No entendían por qué a mi mente le gustaba viajar por lugares diferentes, soñar con frecuencia. No importaba si estaba solo o acompañado, con una persona o en medio de muchas, en el salón de clase o sentado a la mesa con mis padres; como fuera, mi mente se iba. Creaba historias fascinantes, con amigos cuyo rostro nunca había visto en la realidad. Esas distracciones solían causarme problemas.
Cierta soleada mañana salí camino a la escuela. La ruta era siempre la misma, atravesaría tres calles y una avenida. Pasé frente a la tienda de abarrotes de la colonia, saludé a las mismas personas de todas las mañanas.
Al llegar a la esquina de la avenida que debo atravesar para finalmente entrar a la escuela noté algo diferente. La última casa a mi izquierda tenía la puerta abierta, me detuve y miré al interior. El patio se veía gris, las paredes también.
Alcancé a ver un gran ventanal con la mitad de una cortina azul tapando la vista, la otra mitad del cristal me permitió distinguir el vacío del interior. Me sentí hipnotizado, tentado a entrar. Sacudí la cabeza, caminé hacia la esquina en donde tuve que detenerme a esperar a que el semáforo me diera la señal para atravesar y llegar a la escuela.
Las imágenes del patio y del interior de la casa no me abandonaban. Un soplo gélido me alcanzó por la espalda. Regresé sobre mis pasos. Cuando la señal para los peatones cambió a verde, yo ya estaba poniendo un pie en el patio gris de la casa misteriosa.
El polvo acumulado en el piso rechinaba con cada paso que daba. Llegué a la puerta principal. La empujé, no se resistió. El polvo adentro era más espeso, el frío era intenso. El suéter del uniforme y la mochila que llevaba a la espalda me protegían un poco.
La mitad de la cortina azul que tapaba el ventanal era el único vestigio de lo que alguna vez fue una casa habitada. Las paredes de ladrillo pintadas de blanco y el suelo gris no contaban ninguna historia. Pasé lentamente caminando cerca de lo que debió ser la entrada a la cocina. Me asomé, el panorama era el mismo excepto por un descuidado refrigerador pegado a la pared. No entré ahí, ni subí la escalera que estaba a mí derecha. Seguí caminando por la estancia. Llegué hasta la ventana del final. El patio trasero no era diferente del resto de la casa. Mientras lo observaba me di cuenta que caminaba ligeramente encorvado, sentía mucho frío. “Mejor me voy”, pensé. Cuando estaba por salir al patio escuché un ruido. Hasta ese momento estaba seguro de ser el único ser vivo dentro de la casa. Salí, me quedé bajo el sol unos segundos y regresé al interior.
Me detuve en el punto en el cual del lado derecho estaba la escalera que me llevaría al primer piso y de frente tenía la entrada a la cocina. ¡El sonido otra vez!, había alguien ahí. Subí la escalera, no quise hacerlo lentamente porque de esa forma el frío me dominaría por completo. Se puede decir que las subí al trote, el ritmico sonido de los lápices de la mochila me acompañó. Me pareció divertido. Al llegar al último escalón sentía los latidos del corazón que me golpeaban en el pecho. No había nada. Traté de descifrar qué tipo de ruido había escuchado, no eran pasos, ni una respiración, era algo que no podía definir sin embargo no había duda de que alguien estaba en ese lugar conmigo. ¡Ahí está otra vez! No era en el piso de arriba. Bajé la escalera repitiendo el ritmo que usé al subir.
Entré a la cocina, el sonido se repitió. Algo daba contra la puerta del desvencijado refrigerador. Lo golpeaba desde adentro. ¿Un animal quizá?
Está vez mis pasos fueron lentos, pero no me detuve. Caminé hasta el refrigerador, ¿se movió la puerta? Tomé la manija y jalé, no se abrió. Estaba atorada con algo. Lo volví a intentar, nada.
Por primera vez sentí miedo. La puerta del refrigerador acababa de saltar tres veces. Era exactamente como si alguien la hubiera pateado con fuerza desde el interior, pero no se abrió. Mi corazón se hizo sentir otra vez. Antes de intentar jalar por tercera ocasión revisé si había un candado o algún obstáculo visible que me impidiera abrirlo. No, nada. Parecía más bien estar unido con algo resistente, algo que parecía pegamento. Me quité la mochila, sentí el frío en la espalda. Abrí las piernas para apalancarme en el piso, tomé la manija y jalé con todas mis fuerzas.
La niña atrapada en el interior se asustó al verme. Me aventó, caí sobre el polvoso suelo. Sentado ahí la vi sonreír mientras estiraba una descolorida mano hacia mí. No más frío, calor a mí alrededor. Una mujer gritó mi nombre.
Percibí las risas de mis compañeros de clase al momento en que fui conciente de cómo la maestra insistía en que le pusiera atención y me pedía que repitiera lo último que había dicho de la lección. La observé desconcertado y no pude decir nada.
Terminó la clase. Cuando la maestra salió, corrí hacia la ventana del salón. Desde ahí se veía claramente la casa misteriosa. “Ahora sí exageré con mis fantasías” pensé. Estaba por desviar la vista cuando alcancé a ver a la niña de pie en la ventana del primer piso de la casa, ¿me veía? Movía la mano por el sucio cristal. Desapareció. Enfoqué la vista y alcancé a leer lo que escribió, “¿nos vemos mañana?”.
jueves, 27 de julio de 2017
Amor
Sí, te conocí
Alguna vez nos vimos
Ya no lo recuerdas
Ya no me recuerdas.
Te grito cada día
El eco me responde
Solo eso escucho
Mi voz rebotando en el vacío.
¿Cómo eres?
¿Cómo eras?
No respondes
Te vas. No me escuchas.
Rodeado por el viento.
Incoloro, frío y vacío.
Me peleo por olvidarte.
Mi derrota es recordarte.
¿Cuál es tu nombre?
Yo lo sabía.
Tu rostro se fue.
Sé cómo te llamas.
Amor
Adiós
¿Te vas?
¿Amor?
Alguna vez nos vimos
Ya no lo recuerdas
Ya no me recuerdas.
Te grito cada día
El eco me responde
Solo eso escucho
Mi voz rebotando en el vacío.
¿Cómo eres?
¿Cómo eras?
No respondes
Te vas. No me escuchas.
Rodeado por el viento.
Incoloro, frío y vacío.
Me peleo por olvidarte.
Mi derrota es recordarte.
¿Cuál es tu nombre?
Yo lo sabía.
Tu rostro se fue.
Sé cómo te llamas.
Amor
Adiós
¿Te vas?
¿Amor?
Amor prohibido
“Amor prohibido”
frase hecha,
¿por qué habría de prohibirse el amor?
¿por qué pelear contra él?
El juicio de la gente ha caído sobre mí
solo porque grito que te amo
insultos y ataques, incomprensión total
¿debo callar al corazón?
Ya en la soledad te busco
me gusta ver tu sonrisa,
me pierdo en tus ojos,
me cautiva tu voz.
En el marco de lo prohibido
violando códigos humanos
mis ojos se atreven a viajar por tus piernas
muestra de los alcances de la creación divina.
¡Oh hermosa mujer!
¡oh niña encantadora!
amor prohibido por el mundo
pero infatigable en mi corazón.
frase hecha,
¿por qué habría de prohibirse el amor?
¿por qué pelear contra él?
El juicio de la gente ha caído sobre mí
solo porque grito que te amo
insultos y ataques, incomprensión total
¿debo callar al corazón?
Ya en la soledad te busco
me gusta ver tu sonrisa,
me pierdo en tus ojos,
me cautiva tu voz.
En el marco de lo prohibido
violando códigos humanos
mis ojos se atreven a viajar por tus piernas
muestra de los alcances de la creación divina.
¡Oh hermosa mujer!
¡oh niña encantadora!
amor prohibido por el mundo
pero infatigable en mi corazón.
Te salvaste
Te salvaste de mis brazos
de mis besos y caricias.
Te salvaste de ser arrancada de la realidad
y de ser llevada por lugares prohibidos para los amantes mortales.
Te salvaste de viajar por la fantasía del amor
creada para ti.
Te salvaste de que tomara tu cuerpo
para recorrerlo y besarlo. De hastiarte de pasión.
Estoy sentado viéndote caminar vestida de blanco
al lado de alguien cuyo rostro no veo porque no quiero.
Te vas con alguien más, te salvaste de mí.
de mis besos y caricias.
Te salvaste de ser arrancada de la realidad
y de ser llevada por lugares prohibidos para los amantes mortales.
Te salvaste de viajar por la fantasía del amor
creada para ti.
Te salvaste de que tomara tu cuerpo
para recorrerlo y besarlo. De hastiarte de pasión.
Estoy sentado viéndote caminar vestida de blanco
al lado de alguien cuyo rostro no veo porque no quiero.
Te vas con alguien más, te salvaste de mí.
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